Devoción

¡Señor, déjame en paz!

Devoción del 6 de diciembre De sus amigos en RayStedman.org

 

 

¡Déjame, pues, ya que mis días solo son vanidad! (Job 7:16b)

 
 
 

Job se vuelve a Dios y se queja de la dificultad de su experiencia actual. Se ha dado por vencido; cree que nunca recibirá alivio alguno y seguirá así hasta el final. Y en medio de estos sufrimientos sin significado alguno y de la oscuridad sin esperanza, clama en su honesta desesperación.

¿Se ha sentido usted alguna vez de esta manera? “¡Señor, déjame en paz! ¡Ya he tenido más que suficiente! ¿Por qué te empeñas en hacerme la vida desgraciada? ¿Por qué no me dejas marchar?”. Job clama en confuso desconcierto. Incluso en este punto del libro, hay varias cosas que debemos recordar constantemente. Una es que sabemos algo acerca de esta escena que Job no sabe. Vemos un cierto propósito en esto que él no ha visto todavía, que es además verdad acerca de los sufrimientos que pasamos. En todas las ocasiones de pruebas hay dos propósitos a la vista: Satanás tiene su propósito, y Dios tiene el Suyo.

El propósito de Satanás aquí era usar el dolor de la enfermedad de Job para afligir su cuerpo, usar el consuelo pedante, bien intencionado, de sus amigos para irritar su alma, y usar el silencio de Dios para asaltar a su espíritu y acabar con su fe. Pero el propósito de Dios es enseñar a Job algunas verdades que no había sabido con anterioridad, para profundizar su teología y ayudarle a entender mucho mejor a Dios. La verdad de Dios debía contestar a Satanás a los ojos de todos los principados y poderes de todo el universo y demostrar que estaba equivocado respecto a la filosofía de la vida. El propósito de Dios era además ofrecer una demostración a todos los que sufren, a lo largo de todas las edades que habrían de seguir, que Él sabe lo que está haciendo. Al ir desarrollándose el libro de Job, veremos como esto se saca a la luz.

Qué estimulo para todos nosotros que debemos de pasar por algunas épocas de sufrimiento, de modo que entendamos que eso no siempre sucede porque somos pecadores. Algunas veces el sufrimiento es el resultado de nuestro pecado, y lo sabremos cuando así sea. Pero si, al igual que en el caso de Job, usted no sabe de nada que haya podido hacer y que no ha resuelto usted, y el sufrimiento sigue, mire usted detrás de la cortina de los propósitos de Dios y verá que los sucesos importantes y eternos dependen del resultado de la lucha.

Padre nuestro, ¡qué lecciones tan maravillosas nos enseñan los sufrimientos de Job acerca de mis propios sufrimientos! Ayúdame a saber más verdad de la que supo Job y, por lo tanto, a darme cuenta de que yo tengo menos motivos para darme por vencido de los que tuvo él.

 
 
 
 
Aplicación a la vida
 

Cuando las presiones en la vida se vuelven insoportables, ¿nos derrumbamos sintiéndonos desesperados, o decidimos confiar en la sabiduría de Dios y ponemos todo lo que tenemos y lo que somos en Sus manos?